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Unas elecciones acechadas por la polarización y los riesgos electorales

  • Salida a medios: febrero 27 de 2022.
  • Medios que publicaron:

El Espectador Colombia 2020: https://www.elespectador.com/colombia-20/paz-y-memoria/las-elecciones-de-2022-tienen-polarizacion-riesgos-electorales/

Las elecciones colombianas están siendo acechadas desde hace algunos años por la polarización ideológica -entendida como la distancia entre dos polos -, la fragmentación -fractura de las élites- y los riesgos electorales -factores que amenazan el desarrollo óptimo de los comicios. La polarización ideológica viene en aumento desde hace algunos años, la fuerte oposición a los Acuerdos de Paz promovida desde un espectro político (el Centro Democrático) y la votación del plebiscito, que tuvo como resultado casi un empate técnico en las urnas, fue el reflejo de una sociedad que se alinea con posturas absolutas que no se fundamentan en información precisa y acorde a la realidad. Lo anterior, se refuerza con la marcada influencia de las élites políticas gobernantes que impiden el surgimiento de nuevas alternativas políticas. Esto ha generado en las diferentes elecciones un pobre diálogo sobre los asuntos políticos de fondo y un “teflón” o rechazo frente a diferentes personajes públicos que impide la necesaria discusión democrática de ideas. Esto se explica por el carácter sistémico del Estado, siguiendo a Easton.

Según Yann Basset, profesor e investigador de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, quien analizó los datos del Barómetro de las Américas, en Colombia el panorama más que de polarización es de dispersión y fragmentación (Lapop, 2021). Así mismo, Basset afirma que, alrededor de la polarización se ha construido un discurso político por parte de los extremos del espectro que busca atraer a los votantes de centro. Las divisiones que hoy por hoy hay entre los diversos grupos políticos que encarnan la tradicional tríada ideológica de derecha, izquierda y centro, responden a la radicalización de la polarización de las élites, lo que se traduce en fragmentación política.

En medio de esta fragmentación, la deliberación pública y la discusión programática han sido las más golpeadas, siendo desplazadas por el proceso de personalización de la política donde las figuras políticas se vuelven el corazón del debate público -que en estas elecciones son las coaliciones-. Por un lado, la derecha se dividió entre la Coalición Equipo por Colombia y el uribismo, con la intención de desligar a los primeros de la imagen negativa de los segundos. Una jugada política arriesgada por el peso de los votos del uribismo, que, en última instancia, no resultó debido al estallido del escándalo político-amoroso de Alex Char y de Aida Merlano -prófuga de la justicia-.

Por otro lado, el Pacto Histórico, que encarna la izquierda colombiana, no se ha librado de fricciones. La aceptación de quienes otrora fueron enemigos del petrismo y de toda clase de políticos de cualquier rama ideológica, ha convertido esta coalición en una colcha de retazos que, ante una puntada mal dada, se puede rasgar. El centro político representado por la Coalición Centro Esperanza, actualmente es la alianza más conflictiva. El exceso de purismo moral se evidencia con la salida de Ingrid Betancourt y los constantes señalamientos a Sergio Fajardo como “tibio” demuestra que esta coalición pende de un hilo.

Tanto la polarización ideológica como la fragmentación política representan riesgos políticos altos, creando un terreno fértil para la degradación de la democracia. Ante este panorama, el debate político se vuelve irrisorio, abonando así la aparición y fortalecimiento de cautivadoras “alternativas” políticas que se fundamentan en el discurso pero que en la práctica no son opciones reales de cambio, dentro de los cuáles se puede destacar a Rodolfo Hernández.

Pero la polarización y la fragmentación no son los únicos síndromes que afectan la democracia en Colombia. A todo este contexto se le suma la violencia, el fraude y la dudosa garantía que el registrador le puede dar a estos comicios que se constituyen como riesgos electorales para el país. Según la MOE319 municipios presentan factores de violencia y 131 municipios presentan tanto factores de violencia como de fraude. Por otro lado, la presencia de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, las disidencias de las Farc, el Eln y las Auc, entre otras organizaciones ilegales, configuran un panorama preocupante para las distintas regiones del país donde hacen presencia (Indepaz, 2020; MOE, 2018). Las acciones de estos grupos armados representan serios factores de violencia y represión que influyen en el electorado colombiano, sobre todo en las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz donde el 58% de las mismas presentan algún riesgo electoral (MOE, 2022).

Por su parte, la idoneidad del Registrador Alexander Vega está empañada por el récord de errores cometidos en el proceso electoral, es de destacar la declaración pública en la cual afirmó refiriéndose a los candidatos que “el que no sienta garantías o crea que le harán fraude, pues no debería presentarse” (El Tiempo, 2021). A esto se le suma el rifirrafe que tuvo con el director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística – Dane y el conjunto de críticas fundamentadas en las fallas del aplicativo usado para la inscripción de cédulas y las malogradas elecciones de los Consejos Municipales de Juventud. Además, el encargado de velar por las elecciones de los colombianos y colombianas enfrenta cuestionamientos por la manera que ha construido su carrera como funcionario público, su turbio pasado en el Consejo Nacional Electoral, su relación con Odebrecht y las supuestas maniobras que realizó para ser electo registrador (Las 2 Orillas, 2021). ¿Qué confianza pueden inspirar las elecciones de este año 2022 cuando el encargado de estas genera el sentimiento opuesto?

Estas elecciones de 2022 van a estar fuertemente condicionadas por riesgos de violencia, fraude y falta de garantías en un clima de polarización y fragmentación. Además de la poca posibilidad de analizar opciones programáticas por parte del electorado, nos enfrentamos por segunda vez (En 1974 fue muy sonado el posible fraude en la elección en donde se eligió a Misael Pastrana como presidente) a un fuerte riesgo por fraude electoral. Además de ello, se ha ido configurando la idea que este fraude va a suceder, lo que puede condicionar el resultado, a que, si uno de los candidatos no gana, no reconocerá el resultado. Algo parecido ocurrió en las anteriores elecciones mexicanas de 2018 en donde por mucho tiempo después de pasadas las elecciones la gente se mantenía en las calles reclamando el posible fraude electoral. ¿Ocurrirá lo mismo en Colombia?

Estamos a tiempo para desescalar el clima político de alta tensión y construir un escenario de intercambio de ideas y respeto por las mismas, existe una responsabilidad muy grande de los políticos frente al electorado. Además de ello, es necesario brindar las garantías democráticas para el imparcial funcionamiento de la democracia colombiana, será muy importante, el seguimiento a la registraduría y su capacidad de responder en momentos tan complejos para nuestra democracia. Además, la ciudadanía debe tomar parte activa en el proceso, exigiendo una discusión programática real, informándose para debatir sobre los hechos y concientizándose de la importancia de no botar el voto.

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