Foro Opina

Para que algo cambie se necesita algo más que el voto

Tomada de El País sin ánimo de lucro solo ilustrativo
  • Salida a medios: abril 3 de 2022.
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El Espectador Colombia 2020: https://www.elespectador.com/colombia-20/analistas/consejo-nacional-electoral-sigue-contando-votos/

A la fecha Colombia sigue contando votos y esperando que el Consejo Nacional Electoral presente los resultados finales de las elecciones y, por ende, la conformación de las fuerzas políticas en el Congreso de la República. Como van las cosas hasta este momento, lo más seguro es que el mapa político del país se reordene. La bancada alternativa conformada por expresiones políticas como el Pacto Histórico, la Coalición Alianza Verde y Centro Esperanza y Fuerza Ciudadana, entre otras, logrará una participación importante. Sin tener aún el registro oficial algunos analistas señalan que las fuerzas alternativas lograrán llegar al 40 por ciento de las curules en el Congreso. A lo anterior se suma el aumento de la participación de las mujeres, que pasó del 20 por ciento de la representación en el Congreso al 30 y, claro está, la llegada de los representantes de las Circunscripciones Especiales de Paz 16 curules, de las cuales ocho representan expresiones alternativas. Parece que este Congreso será diferente, pero ¿que implicará para la ciudadanía lo que parece ser un “reacomodo” de fuerzas políticas? ¿Esta situación contribuirá al trámite de la creciente situación de desigualdad, pobreza y hambre que afecta a colombianas y colombianos? ¿Así mismo, dará este nuevo panorama político un respiro a la pérdida de confianza en las instituciones públicas?

Estos interrogantes nos llevan a plantearnos dos temas centrales en la democracia. El primero, la efectividad de la participación política para que las cosas cambien. El segundo, la confianza en la representación política y su capacidad de hacer que las cosas cambien. Sobre el punto primero es necesario señalar que la participación política representa el ejercicio de ciudadanía universal, es decir, el acceso a todos los derechos. Elegir, ser elegido, incidir en los asuntos públicos, gobernar asuntos públicos. El voto es un instrumento rey, importante sin lugar a dudas, pero no es el único. El ciudadano sigue interviniendo políticamente cuando busca incidir en la gestión de los gobiernos, fiscalizar la gestión, contribuir a una mejor gestión. Así que para que las cosas cambien, no sólo sirve el voto. De hecho, en Colombia parece ser que un poco más del 40 por ciento de los ciudadanos incluidos en el censo electoral no están muy motivados para votar. A manera de ilustración, en los últimos comicios las tasas de participación electoral en el país van así: 54.22 por ciento en las elecciones presidenciales del 2018, cuando más se participa; 48.8 por ciento para el Senado en 2018 y 44.19 por ciento en 2014. Tasas más bajas. Comportamientos similares tienen las votaciones para alcaldías, gobernaciones y corporaciones públicas. Y para estas elecciones del pasado 13 de marzo, sin tener aún los datos definitivos, parece que se baja en tres puntos porcentuales en la tasa de participación electoral al Congreso.

El punto dos tiene que ver con los representantes políticos. Todos llegan ahí en virtud de la autorización que la ciudadanía les da con su voto. A través de esta delegación del poder popular, los representantes tienen el mandato de garantizar y cuidar los intereses ciudadanos. Cuando la representación política no honra el mandato ciudadano, es decir, no responde a las preferencias de los ciudadanos y no representa los intereses de la Nación, se produce el rechazo y se pierde la confianza en la representación política. Y ahí están los datos. Los recientes resultados de la encuesta de Cultura Política que realizó el DANE, aplicada a finales de 2021 y presentada en 2022, muestran que los ciudadanos pierden confianza en la democracia. Esta misma encuesta señala que en 2019 más del 80 por ciento de los encuestados consideraban que era bueno vivir en democracia. Hoy el porcentaje baja a 76 por ciento. En los resultados 2022, el 50 por ciento de los encuestados no se sienten a gusto con la forma como funciona la democracia en el país. Aumenta la desconfianza en los partidos políticos, en el Congreso y en los gobernantes, al tiempo que el 73 por ciento de las personas consideran que la corrupción aumentó en el país.

Al observar estos datos no cuesta mucho entender la desmotivación que invade al votante. La cuestión es muy sencilla: si los ciudadanos consideran que su voto no es efectivo para influir en los rumbos políticos de la Nación, no participan en los comicios. Y eso aumenta la abstención. De ahí la importancia, por un lado, de garantizar la elección de representantes políticos íntegros y capaces; y, en segundo lugar, de proteger el voto, incluso de propuestas como la del reconteo de votos – de las elecciones del 13 de marzo – hecha por Presidente de la República y el Registrador del Estado Civil.

En definitiva, el poder del voto y la confianza en la delegación del poder del pueblo en los representantes políticos atraviesa por un agridulce momento de “vientos de cambio” y “desesperanza aprendida”. La ruta es clara. La ciudadanía deberá continuar activa en la participación política, donde el voto es la cuota inicial de lo que viene después: incidir en la agenda legislativa, participar en la formulación del Plan Nacional de Desarrollo, fiscalizar la acción de las autoridades públicas, proponer alternativas para la gestión del desarrollo y denunciar, de ser el caso, los abusos de poder. Ni el voto ni la representación política garantizará que las cosas cambien. La respuesta es una ciudadanía activa como sujeto político.

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